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PREGÓN DE LAS GLORIAS 2018

Soplan aires de Roma por la arteria principal de un barrio donde el fluir de sus días parece que se tiñe de un perenne espíritu novembrino, alzándose en su centro neurálgico un templete que acoge entre sus columnas salomónicas la arrebatadora beldad de una Reina ante la que no existen las horas, pues éstas no dejan su marca indeleble sobre su piel adolescente, a pesar de que mora en aquel edificio al que da nombre en latín desde hace más de cuatro siglos y medio, y sin embargo no aparenta esa edad... 


Hay nubes que circundan las alturas 
al cruzar por la calle Anchalaferia, 
y ninguna amenaza con la lluvia 
porque surgen de oscuras chimeneas 
en las que son asadas las castañas 
cuando avanzan las tardes muy ligeras 
y el frío va abrazando sigiloso 
la luz que se recorta en azoteas 
mientras pasa el otoño lentamente, 
con sones musicales de Tejera, 
ante aquel melancólico semblante 
que nunca se aproxima a la tristeza. 

Cobra vida su altar y se levanta, 
retablo itinerante en parihuelas 
que traspasa lo angosto de un dintel 
para poder salir por una puerta 
convertida en un arco de triunfo, 
Egregia Majestad de la belleza 
que hace del barroco su poesía 
tras esquivar el reto de la piedra 
e ir dejando atrás ese cancel
donde esta encantadora Medianera 
permanece a diario retratada 
en la pulcra cerámica que Kiernam 
crease con su arte indiscutible 
en el horno alfarero que cociera 
la más hermosa estampa de esta Rosa 
cuyo perfume a todos embelesa. 

Esbeltos candelabros cimbreantes 
otorgan movimiento y fortaleza 
al conjunto armonioso más perfecto 
que trae parte del cielo hasta la tierra, 
y un domingo cercano a aquel adviento 
donde otra vez la gloria se renueva 
sobre la cruz que porta entre sus manos 
ese Niño Jesús que juguetea 
con los pliegues que tiene en su vestido 
la Madre que lo mira tan serena, v
a a visitar la Virgen a esos fieles 
que a diario se rinden ante Ella 
y aguardan cada año su salida 
en esa procesión sin primavera 
cuando marca el camino San Miguel 
frente a una peana tan inmensa 
que contiene la corte celestial, 
estando con María a su derecha 
San José, San Lorenzo y San Basilio, 
y yendo al otro lado, por su izquierda, 
Santo Domingo de Guzmán, San Pedro 
y Santa Catalina, quienes rezan 
ante la faz que logra que noviembre 
se alegre solamente en su presencia, 
acudiendo Sevilla a reencontrarse 
con ese gran misterio que es la escena 
de un paso en el que están Todos los Santos 
postrados a las plantas de su Reina.

Juan Manuel Labrador Jiménez

Pregón de las Glorias 2018 en vídeo (pasaje dedicado a la Santísima Virgen a partir del minuto 52:30)